Un joven poeta, un gallero y un amante del fútbol: tres historias de vida de cosecheros del café

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Ferley Leal salió de una vereda de Chaparral (Tolima) con ‘Marihuano’, que lo ha acompañado en tres cosechas. Así es la vida de José Wálter Trejos, de 23 años; Ferley Leal, de 19, y José Ignacio Herrera, de 35.

Octubre 28 de 2006

Todos los años, cuando llega octubre y los granos de los cafetales brotan tan rojos como gotas de sangre, miles de hombres y mujeres llegan, con la puntualidad de las aves migratorias, a las montañas de Caldas, en busca de la gran cosecha del año.

La bandada humana llega siempre a la finca La Mesa, en la vereda La Plata, de Palestina. Y desde las 6 de la mañana, recorren los cafetales, en busca de los granos maduros, por los que les pagan a 260 pesos el kilo.

Metido en esta tribu de andariegos está José Wálter Trejos. Tiene 23 años, cara de niño bueno, un bigote que solo le crece por los lados como el de Cantinflas, un sombrero, una pinta usada comprada a 3.000 pesos en el mercado de Chinchiná y un pequeño radio de tres pilas doble A.

“Desde que tengo razón conozco el café”, dice el muchacho, que nació en una finca de Filandia, en Quindío. Estudió hasta noveno en el colegio de Montenegro e intentó desafiar su destino.

Entró a trabajar en una emisora comunitaria de Montenegro, donde comenzó una fugaz carrera de locutor. Tenía un programa de música popular, ponía a Darío Gómez, el ‘Charrito Negro’ y a Luis Alberto Posada. Sacaba las llamadas al aire y enviaba mensajes de las personas que habían extraviado sus documentos.
Al año, se mudó para una emisora de Quimbaya, donde condujo un programa de rock y ponía canciones de Aerosmith y The Eagles, y administraba una discoteca de música bailable en el centro del pueblo.

Pero su aventura duró poco. Por su trabajo en la discoteca, lo amenazaron y se refugió en los cafetales.

Desde hace tres cosechas se la pasa recogiendo café y oyendo canciones de despecho y reguetón en su radio. “Cuando escucho a los locutores, me acuerdo de las épocas pasadas. Uno se aburre mucho. He pensado en recoger una platica y colocar un negocio independiente, porque esto está muy duro”.

En las noches se distrae escribiendo poesías a la luz de una lámpara de aceite en medio de recolectores que juegan cartas: Iluciones pasajeras, que a veces alegran mi alma o se clava como espina para atormentar mi calma. Si tu fueras mi querida alegrarias mi alma pero como estás tan lejos solo vive en la calma de una noche de luna o de una ilución que es vana…(sic)
Siempre le gustó. Desde niño escribía cartas de amor y leía versos de Jorge Robledo. Pero también escribe las historias de los recolectores.

“Viene gente rara. Conocí a un señor que hablaba solo, de espíritus infernales. A otro que huyó de su pueblo porque le mataron a toda la familia y a un niño que fumaba marihuana porque su papá le enseñó”.

Piensa ahorrar para publicar sus poemas y los sábados, mientras muchos se van a las cantinas a beber, el muchacho entra en Palestina a un Café Internet y ‘chatea’ con Alba, una amiga española, de 16 años. “Yo le digo que trabajo recogiendo café y ella no me cree”.

Y el gallero

En el mismo grupo se encuentra Ferley Leal, que tiene 19 años, corte militar y habla siempre mirando al suelo.

Llegó en chiva con ‘Marihuano’ y ‘Piolín’, sus dos gallos de pelea, metidos en bolsas.

El joven creció en una finca de 17 hectáreas de la vereda Siberia, de Chaparral, en Tolima, que tiene sembradíos de café, cacao, plátano, maíz y fríjoles. Los gallos que criaba su padre, que ya no vive con ellos, fueron los juguetes de Ferley.

Eran ocho hermanos. Los mayores le regalaron su primer gallo a los 5 años. Se llamaba ‘Pulga’. Ferley le daba maíz y lo correteaba.
Sus hermanos se lo llevaban a pelear y él se quedaba esperando que volviera otra vez ‘Pulga’ vivo. “Ese gallo tuvo 18 peleas”.

A los 10 años fue por primera vez a una gallera, en un pueblo llamado San Antonio. Llevaba a ‘Cardenal’. Sus hermanos pagaron para que lo dejaran entrar. “Ellos lo calzaron con las espuelas y lo soltaron. Yo solo miraba, sabía que era el mío. Esa vez ganamos una botella de aguardiente”. A Ferley no le gustó el estudio. Hizo hasta sexto grado. “La verdad, me aburrió”. Pero a los 14 años se graduó de gallero y soltó su primer animal. Desde entonces, combina los trabajos del campo con las peleas de gallo, a los que les cura las heridas y los entrena.

“He tenido muchos gallos. Tuve a ‘Renegado’, al que le hicimos once peleas, pero me lo mataron. El que más me ha durado es ‘Condorito’, ya no lo jugamos porque lo tenemos para sacar pollos. Es el duro de la casa”.

Esta es su primera cosecha en Caldas. “Con ‘Marihuano’ ya llevo tres cosechas en otras partes. Lo bautizamos así porque era huerfanito y se crió al lado de una matica de marihuana que creció en la finca”.

Con sus plumíferos musculosos busca suerte en esta cosecha. Ellos lo despiertan y antes de irse a recoger café les da maíz y agua. En la tarde los entrena para que estén en forma para el fin de semana.

De los 200 mil pesos que puede hacerse en una semana recogiendo café, se guarda la mitad y la otra se la juega los sábados con ‘Marihuano’ y ‘Piolín’ en las galleras de Palestina, Chinchiná y Manizales. “Ya nos ganamos dos peleas. Esta cosecha pinta bien. Con lo que se gana uno se compra ropa, cervecita y queda para las mujeres, que por estos días llegan a las cantinas y cobran de a 15 mil pa’ arriba”.

Un amante del fútbol

La ‘Gambeta’ Herrera, bautizado como José Ignacio Herrera, tiene ya 35 años, un bigote de cantante de rancheras y un radio. Viene de la vereda Siberia, de Chaparral (Tolima), donde tiene una pequeña finca con 2.000 palos de café y donde lo esperan su esposa, Sol, y Dayana, su hija de 21 meses.

Ha sido puntero del equipo de la vereda y su director técnico. Escucha a diario tres horas de los programa de fútbol y lleva en un cuaderno los resultados de la fecha. Quiere sacar jugadores de sus tierras. “Tengo ojo para eso. Llevé a un joven a las reservas del Tolima, pero no lo recibieron porque tenía 21 años y reciben, pero de 16. Sigo buscando, hay mucho jugador calidoso en el campo y de pronto tengo suerte”.

LUIS ALBERTO MIÑO RUEDA
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO
PALESTINA (CALDAS)

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