Tomado de El Escpectador:
Por: Redacción Especiales
Conseguir el título del mejor café del mundo no es un reconocimiento al azar. Detrás de esto se encuentra un completo proceso de elaboración, que empieza con el trabajo de campesinos y agricultores, continúa con la recogida del grano por parte de los recolectores, luego pasa a una máquina despulpadora, para después ser lavado y esparcido en grandes terrazas al aire libre, donde se espera a que el sol y el aire lo seque por completo. Pero ahí no termina todo lo que encierra la cultura del café, un producto que hoy ya tiene rutas turísticas armadas en los tres departamentos que componen el Eje Cafetero.
Caldas, Risaralda y Quindío, los tres grandes ejes del café colombiano, descubrieron, una década atrás, que todo lo que encierra el cultivo del grano, donde se incluyen personas, viviendas, manifestaciones culturales y hermosos paisajes, resultaban atractivos para aquellos que no vivían el paso cotidiano del tiempo en un cafetal. Desde ese punto de vista se empezaron a habilitar las fincas para hospedajes, los cultivos como senderos ecológicos y algunas plantas de tratamiento y producción como laboratorios de conocimiento para los visitantes.
Los principales componentes de este producto turístico están centrados en la producción sostenible del grano, paisaje cultural, la familia y la comunidad cafetera, la institucionalidad del gremio, la biodiversidad de la zona, los procesos de cosecha y poscosecha y los principales canales de comercialización con base en los diferentes tipos de café que se producen en la región. A través de todos estos espacios los turistas hacen su recorrido y experimentan desde el sembrado hasta una taza de café servida al mejor estilo colombiano.
Por los caminos de Caldas
Manizales, Chinchiná y Palestina son los tres municipios donde se desarrolla con más fuerza la ruta del café, que empieza en la capital caldense con la historia del grano, contada por un guía de la región mientras se llega al siguiente destino, que es una finca cafetera tradicional en la vereda La Cabaña. Allí los forasteros reciben instrucción sobre las condiciones para el cultivo, todo lo que compone un cafetal, hay observación del paisaje montañoso, interacción con la familia cafetera y conocimiento de los principales aspectos de la producción, incluyendo la recolección.
Luego se llega a Chinchiná, muestra de un típico pueblo cafetero, en el cual se revive todo el proceso de colonización antioqueña, trilla del café, reconocimiento e intento de cata sobre propiedades del producto —como fragancia, aroma, acidez, cuerpo, amargo y sabor— y técnicas de preparación, tanto frío como caliente.





