
Foto: Ricardo Vejarano / EL TIEMPO
Luza se prepara para llevar su obra, única en Colombia, a una galería en Valencia (España), de donde recibió una invitación.
Luz Adriana Quiceno Quiroga, una diseñadora gráfica radicada en Bogotá, nacida en Armenia, es de las pocas colombianas que no se aterra con las consecuencias que un reguero de café puedan traer en una prenda, en un tapete o en un documento.
Luza, como firma esta artista, es la única pintora en Colombia que hace cuadros con tinta de café. Sí, de café, ese mismo que se toma en el desayuno, o en una tarde de tertulia con amigas, es el mismo que le ha servido para darles vida a cerca de unas 30 obras, pintadas en lienzo.
Desde hace cuatro años, Luza, por curiosidad empezó a entrenarse en la técnica de pintar con la bebida insignia del país.
“Uno de los ejercicios en la Universidad era el de experimentar con pigmentos y yo decidí hacerlo con café. Me demoré dos años perfeccionando la técnica, empecé en papel y hoy trabajo sobre lienzo”, cuenta.
Luza no solo pinta con café, sino que sus obras son el recuento de la cultura que rodea el grano.
“Además tengo una parte abstracta, con la que logró sacar lo que pasa en un taza de café, al lienzo”, dice la artista que encuentra su inspiración en los recuerdos que tiene en la memoria y en el corazón, de la finca de sus abuelos, en Circasia (Quindío).
“Cogía café en la finca, lo secaba mi abuela. Creo que desde esos días tengo pegada la magia del mundo del café, de la esencia de esa cultura”, dice la pintora y agrega que de la finca de su familia, que se llamaba ‘La Manga’, ya no queda nada, pues se la tragó la ciudad y en sus terrenos construyeron una urbanización.
Sus obras están expuestas en este momento en el restaurante Café Quindío, de Armenia, y hace 15 días, cerró una exposición colectiva, en la galería Casa Cuadrada de Bogotá.
Hasta hoy participó en el Segundo Salón Internacional del Café, que se realizó en Expofuturo en Pereira, en donde su stand atrajó las miradas de todos los asistentes, quienes no podían creer que la tinta que le diera vida a esas obras, fuera el mismo café que ellos llevaban en su mano mientras cameraman por el recinto ferial.
“El mejor café para pintar es el que se prepara como un expresso.
Es el que tiene mayor pigmentación”, revela Luza, que se reserva el secreto que tiene para que su obra sea duradera.
“Es como el ‘di piu’, el secreto de mi trabajo”, asegura y se declara una tomadora desenfrenada de café.




