Los Tinteros De Tuchín

Después de perder sus dioses, sus costumbres y sus tierras, la memoria, la identidad y el dialecto, los tuchineros se mudaron a Cartagena para dedicarse a vender tintos y no perder la vida.

Es una tribu de hermanos que deambula por las calles de Cartagena. Parecen perdidos, buscando sus ancestros a cientos de kilómetros de casa. Algunos trabajaron de dobles cuando se filmó La Misión en Cartagena. Ahora se ganan la vida vendiendo tintos desde 100 pesos.

Los tuchineros hacen parte de los cerca de 40.000 desplazados que han escogido Cartagena como escampadero y también del millón de colombianos que huyen de sus tierras por la violencia y la falta de oportunidades económicas. Vienen de Tuchín, corregimiento que hace parte del municipio y resguardo indígena de San Andrés de Sotavento, a cuatro horas en bus desde Cartagena.

La misma historia La historia del desarraigo de los tuchineros empieza a finales del siglo 18, cuando la Corona española les entregó un título sobre 87.000 hectáreas de tierra en el bajo Sinú. El título se encuentra protocolizado en la Notaría 27 de Chinú.

Estas tierras poco a poco las fueron perdiendo ante el poder de los terratenientes, cuando llegaron acompañados de la modernidad a poblar lo que hoy es la cabecera municipal de San Andrés de Sotavento.

Los indígenas empezaron a ser desplazados a zonas montañosas y de difícil acceso. Además se volvieron campesinos. Las tierras de los indios pasaron a manos de los terratenientes pues no tenían plata para comprar semillas e insumos con qué cultivar.

Es una historia conocida: el terrateniente -el rico del pueblo- los financiaba y les adelantaba el valor de una hectárea de maíz. Si la cosecha se perdía el terrateniente embargaba las tierras del indio.

El indígena y su familia pasaban a trabajar para el nuevo dueño de la tierra tumbando monte y ampliando la frontera ganadera. Cuando el trabajo se acababa el indígena era despedido.

Huir antes que morir Ahora los descendientes de esos zenúes viven en 17.000 hectáreas que el Gobierno les entregó a través del Incora.

Su lucha por recuperar la autonomía en sus territorios no cesa y ha derivado en la muerte de varios líderes indígenas.

Uno de esos líderes que murió por defender las tierras y la identidad de los zenúes fue Alberto Cheito Malo, en 1996, quien cayó abatido por balas encapuchadas junto a otros trece indígenas en el transcurso de ese año.

Hey tuchinero!, véndeme un tinto , le grita un celador a David Suárez desde una de las esquinas de la plaza de Bolívar, al frente del Palacio de la Inquisición.

David descarga del hombro derecho la caja con sus termos y sirve el chorrito negro que mantendrá alerta al guachimán en un pequeño vaso plástico, bajo la mirada indiferente del pétreo Libertador.

Aparte de café, agua de toronjil o de canela, David y la mayoría de los tuchineros venden chicles y cigarrillos. David escogió la frescura de la noche para trabajar, otros prefieren el ardiente día, por la seguridad.

Todos son parecidos e incluso hasta familiares. Están en cualquier esquina y caminan sin parar. Los que trabajan en el sector turístico de Bocagrande y El Laguito caminan más de 20 kilómetros todas las noches, ya que para recargar los termos deben regresar hasta Getsemaní, donde está la única greca que los abastece.

Con el producto de la venta consiguen plata para vivir y para mandarle a sus familiares, que se quedaron tejiendo los tradicionales sombreros de caña flecha.

Un pasado sublime Sus ancestros fueron los mejores ingenieros empíricos hidráulicos de la era precolombina y los creadores de un símbolo en la Costa Atlántica: el sombrero vueltiao. Gracias a los terraplenes y camellones construidos los zenúes evitaban las inundaciones de los ríos en invierno y podían cosechar todo el año.

La importancia geopolítica del territorio donde se ubica el resguardo de San Andrés de Sotavento, en el contexto del conflicto colombiano, radica en que es un corredor que comunica con la codiciada región de Urabá, que está en la mira de paramilitares y guerrilleros.

La autonomía que ha logrado el pueblo zenú no es vista con buenos ojos por los políticos tradicionales, ya que al fortalecerse los indígenas los gamonales empezaron a perder poder.

Los tuchines se convirtieron en parte integral y son conocidos por lo sabroso de sus tintos.

Con sus termos en la mano,desde tempranas horas, inician su recorrido por el corralito de piedra

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