Importante análisis de Oxfam Internacional donde se denuncia “el fracaso” de las grandes multinacionales del cáfé, en la solución a la crisis mundial del café y lo que de ell a se deriva…
La crisis del café conduce a un boom del cultivo de drogas
La actuación en el último año de las cuatro grandes multinacionales del café recibe un suspenso en el análisis de Oxfam Internacional Oxfam Internacional Intermón Oxfam en España denuncia que el fracaso de las grandes multinacionales torrefactoras en la toma de medidas contra la crisis del café está forzando a millones de campesinos a abandonar los cultivos de café y sustituirlos por plantaciones de drogas, de las que obtienen un mayor beneficio. Este es el caso de Etiopía, donde los campesinos están cambiando el café por la cata o el kat, una planta de efectos estimulantes, cuya venta está prohibida en España, según una lista elaborada por la Agencia Española del Medicamento.
“Las grandes compañías siguen obteniendo enormes beneficios mientras que los pequeños productores de café reciben cada vez menos” señala Isabel Tamarit, portavoz del departamento de Campañas y Estudios de Intermón Oxfam. “Países enteros, cuya actividad económica principal gira en torno al café, se encuentran al borde del colapso. Cada vez más agricultores, a la vista de las pobres expectativas, abandonan el cultivo del café y se dedican a cultivos ilícitos, como el kat o la coca, para poder sobrevivir. Millones de mujeres son incapaces de mantenerse a sí mismas y a su familias, debido a esta crisis”.
Etiopía, como otros países en Latinoamérica y África, es uno de estos casos. Sus exportaciones de café han caído del 70% al 35% en sólo cinco años. A la vez, las exportaciones oficiales de kat, substancia prohibida en Estados Unidos y algunos países europeos, se han doblado hasta representar el 13% del total de las ventas al extranjero.
No hay argumentos económicos que justifiquen la producción de café. En Deder, al este de Etiopía, los campesinos cobran 86 céntimos de dólar por una libra de su café, cuando antes llegaron a cobrar tres dólares por libra. Actualmente, el kat les reporta hasta 10 veces más de beneficio, nueve dólares. En Perú, está ocurriendo algo similar con la coca, que se vende a tres dólares la libra mientras el café se vende apenas a 65 céntimos.
Hayder Hassan, un campesino etíope de 53 años con quien trabaja Oxfam en Deder explica: “Hace tres años podías conseguir hasta el doble que hoy por un kilo de café. Yo todavía lo cultivo pero, si no mejoran los precios, este campo pronto se va a ver lleno de kat. No tenemos otro modo de vida. Soñamos con la recuperación del precio del café, pero sólo el Gobierno o Dios pueden ayudarnos”.
Suspenso para las multinacionales del café
La responsabilidad por la sustitución del café por kat o coca en estas economías llama a la puerta de las cuatro grandes compañías torrefactoras sólo tres de ellas comercializan marcas de café en España que, en los últimos 12 meses, han dado la espalda a la situación y han hecho bien poco para ayudar a resolver la crisis global del café. Considerando cuatro aspectos clave, y con una puntuación sobre 10, según un estudio de Oxfam Internacional, ninguna de las empresas pasa del suspenso.
Sara Lee (comercializa Marcilla en España), con un 27, ha tenido una actuación pésima. La compañía apenas se ha esforzado para pagar mejores precios a los productores de café, para ayudarlos a diversificar sus cultivos o establecer alguna directriz para la compra de café.
Kraft (comercializa Saimaza en España), con un 38, registra una mala actuación. En el último año no se ha comprometido en compras de café de comercio justo ni respalda los estándares de calidad acordados por la Organización Internacional del Cafe. Sin embargo, esta compañía ha contribuido en programas de desarrollo social en algunas partes del mundo.
Nestlé (comercializa Nestlé y Bonka en España) está situado algo mejor, con un 43. Ha liderado la industria en algunos encuentros internacionales y ha apoyado los esfuerzos de la Organización Internacional del Café (ICO, en sus siglas en inglés) para remediar la crisis. Nestlé ha incrementado en este año el porcentaje de compra directa a los productores y ha pagado un precio superior al del mercado, pero ha sido como respuesta a una situación coyuntural y no a una política comercial de la empresa. Por otra parte, Nestlé todavía rechaza la compra de café de comercio justo.
Procter and Gamble (no comercializa marcas de café en España) roza el aprobado con un 4,9. Ha liderado el sector en el pago de precios dignos a los productores e incluso ha presionado para que los Estados Unidos se reincorporen a la ICO. De todos modos, cuenta con escasas directrices para comprar café en condiciones justas para los campesinos.
Pese a la crisis del café, ninguna de las compañías ha dejado de cosechar grandes beneficios. El beneficio neto acumulado de Kraft hasta septiembre ha sido de 810 millones de dólares; Nestlé ha acumulado hasta junio unas ganancias netas de 2.000 millones de dólares y Sara Lee de 1.400 millones de dólares, de junio de 2002 a junio de 2003. La división de productos alimenticios de Procter & Gamble ha aumentado sus beneficios de junio a septiembre de 2003 un 9% respecto al mismo periodo del año anterior.
Por otro lado, según el Gobierno etíope, el colapso en los precios del café ha costado al país alrededor de 830 millones de dólares en pérdidas por exportaciones en los últimos cinco años. Esta cantidad es el equivalente al coste de la construcción de 1.250 centros de salud o 2.000 escuelas de educación básica. Etiopía es el tercer país más pobre del mundo y estos beneficios perdidos podrían haber ayudado al Gobierno a hacer frente a la hambruna que afecta al país.
El injusto negocio del café
Ángel Gonzalo
Agencia de Información Solidaria (AIS). España, septiembre del 2002.
Veinticinco millones de familias trabajadoras en América Latina, África y Asia se enfrentan a una situación de pobreza grave porque los precios mundiales del café han caído más del 50% en los tres últimos años y se sitúan en los valores de hace 30 años. Según un informe de Oxfam Internacional, el 93% de los beneficios por la venta de café se lo embolsan las empresas cafeteras e intermediarios. A los agricultores sólo les llega un 7%. En cuatro continentes, millones de familias que dependen del café pasan hambre. No pueden costear las cuotas escolares para sus hijos ni pagar las medicinas. Los primeros en sufrir son los niños y las mujeres. Algunos agricultores empiezan a pasarse al cultivo de la coca para sobrevivir.
“Esto que le pasó al precio del café es un desastre. Años atrás, cuando los precios eran buenos, nuestros hijos podían ir a la escuela. Ahora tenemos que sacarlos porque no podemos pagar su costo. ¿Cómo los enviamos a la escuela si ni siquiera podemos darles bien de comer?”. Estas declaraciones de un pequeño cafeticultor en el distrito de Uru (Tanzania) abren el informe e inician la campaña de presión preparados por la ONG Oxfam Internacional para mejorar la calidad de vida de los 100 millones de personas que viven del café, que sufren las consecuencias de un comercio injusto que los condena a la pobreza, menoscaba su dignidad y pone en peligro sus vidas y las de sus familias.
Hay cifras que hablan por sí solas. Según este estudio, los consumidores de los países ricos pagan unos 3,60 dólares por una libra de café tostado y molido. Sin embargo, los agricultores reciben sólo 24 centavos por cada libra. ¡Un diferencial del 1.500%! No extraña que las grandes compañías vivan en la opulencia y los campesinos malvivan y pasen hambre.
El objetivo de esta campaña internacional es forzar a las grandes empresas Sara Lee (Marcilla), Kraft (Saimaza), Procter & Gamble y Nestlé (Bonka/Nescafé), que dominan casi por completo esta industria de 60.000 millones de dólares anuales, a pagar un precio justo a los agricultores; en definitiva, a que reconozcan la dignidad de trabajadores y trabajadoras.
Mientras las grandes torrefactoras generan beneficios inmensos con unos márgenes entre el 17% y 26% en ventas de café de miles de millones de dólares, los pequeños agricultores han de plantearse alternativas para sobrevivir. “Es evidente que ahora se cultiva más coca. Desde un punto de vista puramente económico, cultivar café es una pérdida de tiempo. Aunque todo el mundo sabe que cultivar coca conlleva violencia (ataques y expoliaciones), además de prostitución y guerra de clanes”, afirma un cafeticultor de Perú que prefiere mantener el anonimato.
Los datos que ha recopilado Oxfam demuestran que al mercado global llega cada año un excedente de 540 millones de kilos de café; es decir, se produce un 8% más de café del que se consume. Una de las razones para este exceso es que las empresas torrefactoras utilizan grano de café de calidad más baja gracias a nuevas tecnologías como la limpieza con vapor.
Diez años atrás, las exportaciones de los países pobres representaban una tercera parte de todo el mercado del café. Hoy en día sólo llegan al 10%. Además, desde Oxfam se advierte que los beneficios de la ayuda y la condonación de la deuda se ven mermados seriamente cuando se hunden economías nacionales enteras. En algunos países del África Central, los ingresos se han reducido en un 40%; en Etiopía, los beneficios por el café han disminuido en 110 millones de dólares, en comparación con los 58 millones de dólares que se ahorrará este año por la condonación de la deuda. La cifra global es que el valor de las exportaciones de café para los países productores se ha reducido en 4.000 millones de dólares en cinco años.
Frente a esta situación, las soluciones pasan por garantizar que las empresas paguen un precio razonable a los agricultores. La presión internacional puede ayudar en esta situación. También se propone la destrucción de excedentes para reducir la oferta y favorecer el aumento de los precios, así como destinar fondos de ayuda a los agricultores para que puedan salir de la actual situación de sufrimiento.
La próxima vez que bebamos una taza de café, ya sabremos qué hay detrás.




