El Cafetero Como Sísifo

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Parodiando la conocida canción, es preciso revisar nuevamente las penas y alegrías del cafetero. Cuando el precio se pone en las alturas de los US$1,80 por libra que apareció el viernes en el mercado de Nueva York, una gran cantidad de personas se recrean diciendo que llegó de nuevo la bonanza a los cafeteros y con ellos otras alegrías que sazonan la economía del país.

Es posible que el precio interno ascienda a niveles inimaginables como hace unos años, hasta poder fabricar fantasías sobre compras del millón de pesos por carga. Pero hace unos meses ya se tenía información de que los inventarios de café colombiano en el extranjero estaban en déficit, y que la demanda mundial había empezado a superar en ocho millones de sacos a la oferta disponible.

Por contraste, como fruto de las políticas oficiales, hay 250.000 hectáreas de café que entrarán a producir en el segundo semestre del presente año, y ello será una prueba de que no debemos hacernos ilusiones con el precio pues, con el solo anuncio de una oferta mayor en los próximos meses, los precios mundiales de hoy no perdurarán nada.

Desde el año pasado los cafeteros le notificaron al Gobierno Nacional y a la Federación, que la fertilidad de los cafetos en producción se iría al piso y, en consecuencia, la calidad y la cantidad de la misma. En aquel entonces se anunció la baja capacidad para abonar los cafetales en el primer semestre del 2008 por falta de liquidez y de ayuda oportuna en los insumos, pero además llegó el invierno sin tregua sobre toda la caficultura. No se abonó, pero subsiste el hecho de que hay 250.000 hectáreas que en este momento se encuentran renovadas y que entran al mercado en unos meses. En otras palabras, el café necesario no se produjo el año pasado.

Lo que viene enseguida será un semestre de dificultades, por encima de los precios de fábula que se están dando en el mercado mundial. La rebaja en la producción, que en el 2008 ya fue del 18 por ciento, en la actualidad puede crecer hasta un 30 ó 40 por ciento que solo se verá compensada por aquellos altos precios de dólar por libra obtenidos entre otras cosas en virtud de la prima excepcional que siempre ha tenido el café colombiano y que hoy ronda los 50 centavos de dólar o más. Si bien no cabe subestimar entonces esos buenos precios, ellos pueden contribuir solamente a la sostenibilidad de la agricultura cafetera.

Aunque los gastos de producción por arroba de café son del orden de 47.000 pesos, no debe olvidarse que los precios de los fertilizantes subieron en más de un ciento por ciento en lo corrido de enero del 2008 a septiembre del mismo año, y que allí se han mantenido -salvo en el caso de la urea que volvió a bajar de precio por su dependencia con la industria petrolera. Los otros fertilizantes, en cambio, no se han movido de sus precios: en 2009 el cloruro de potasio, que no tiene sustituto para el llenado del grano, se mantiene en 116.000 pesos por saco de cincuenta kilos, cuando apenas costaba 60.000 pesos en el 2008.

Un poeta cafetero, Elías Mejia, decía que el caficultor es como Sísifo: cada mañana empujando su roca hasta la cima, mientras las fuerzas invisibles de la bolsa de N.Y., los fondos de inversión y el manejo del stock de los tostadores seguirán manejando un mercado sin consideraciones humanas por el agricultor. Por lo tanto, si los precios se mantienen altos podría el caficultor nivelarse financieramente para volver a empezar sin muchas privaciones las labores de su oficio; pero ésta es únicamente una esperanza más con la que viven los cafeteros hasta que los cítricos se les vengan encima con la nueva ola de sustituciones que se manifestará muy pronto.

JAIME LOPERA. Consultor privado .

Archivo / EL TIEMPO.

Hace unos meses ya se tenía información de que los inventarios de café colombiano en el extran- jero estaban en déficit”.

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