Asociación de vendedores de tinto conformaron 200 personas que viven de esa bebida en Cartagena

tinteros

Foto: Manuel Pedraza / EL TIEMPO

La cooperativa no solo surte a los vendedores con el café, el azúcar y el agua caliente, también de otros productos que venden en las calles.

La idea surgió para abaratar costos debido a que hace años no sube de precio. Pese a la inflación, el cambio de milenio y la carestía de los alimentos, Un vasito sigue costando 100 y 200 pesos.

El tinto callejero es vendido en Cartagena, en su mayoría, por descendientes de las tribus zenúes que habitan las sabanas cordobesas, Estos inmigrantes de los resguardos de Tuchín y San Andrés de Sotavento, entre otros, no habían podido encontrar la fórmula de obtener mejores ganancias hasta hace poco, cuando fructificó un viejo sueño.

Hace dos meses cuajó la idea que habían debatido en más de un ‘congreso’ de parque o plaza, cuando inútilmente se congregaban para definir el aumento del precio del vaso de tinto, que su propio mercado se resistía a aceptar.

Sigifredo Guzmán, presidente de la Asociación de tinteros y vendedores informales de Cartagena (Astivic), cuenta que “estábamos fregados porque vendíamos barato y comprábamos caro”.

|Así que el proyecto de conformar una cooperativa se hizo realidad. Unos 200 vendedores de tinto se agruparon y consiguieron un préstamo por 10 millones de pesos, ‘con un amigo’, para montar su propia tienda surtidora del negocio del tinto, y que  bautizaron ostentosamente ‘Coffee’s one Astivic’.

El nombre de la tienda traduce el inicio del sueño completo y que es no tener una sola tienda, sino una cadena de surtidoras para tinteros.

Solamente los tinteros afiliados a Astivic venden diariamente unas 70 mil bebidas de a 200 pesos cada una. Francisco Baltazar, un indígena que vino a buscar mejores condiciones de vida a Cartagena, hace 20 años vende tintos en el Centro Histórico y por estos días de temporada de cruceros y de Semana Santa duplica sus ganancias.

“Antes de que montáramos nuestra propia tienda las ganancias prácticamente se quedaban en manos de los mayoristas”, cuenta. Explica que el azúcar y el café subían de precios por mes o por temporadas, y ellos seguían vendiendo su tinto al mismo precio, no había poder humano que hiciera que el mercado aceptara sus argumentos de la carestía de la vida y la inflación.

De manera que los vendedores de tinto consiguieron un local en la Calle Tripita y Media, del histórico barrio de Getsemaní, y montaron su propia surtidora, no sólo de café, azúcar y agua caliente para preparar los tintos en sus termos. Sino también de galletas, chitos, cigarrillos, chicles, mentas, pastillas de chocolate, leche, etc., que son los otros productos que ofrecen en sus ‘chazas’ y que son una forma de diversificar el negocio y poder obtener mejores márgenes de ganancias, que no deja el café.

La tienda es administrada por la junta directiva de la asociación y esta rinde cuentas por el pago del arriendo del local donde funciona y que es de un millón 300 mil pesos, por el surtido de productos y además por las mejoras del gremio.

Por ejemplo, la asociación hizo casilleros para los tinteros en la misma tienda. En ellos guardan sus útiles de trabajo y pertenencias personales que dejan con candados y que pueden sacar al final de la jornada. Cada uno la tiene marcada con su nombre o apodo. Así que un casillero lleva el nombre de ‘El chino’; otro de ‘El niño’, y otro más de ‘El chucho’.

El presidente Guzmán dice que ha visitado a más de una docena de empresas, como las productoras de café, la de vasos plásticos, la de confites, entre otras, para solicitarles apoyo. De este lobby empresarial ha conseguido donaciones para carnetizar al gremio, y también logró camisetas marcadas.

‘Queremos un gremio bien presentado, estamos trabajando para que luzcan bien, para que ayuden a no ensuciar a la ciudad con los vasos de tinto y pronto recibiremos capacitaciones sobre manejo de alimentos’, cuenta el presidente.

Agrega que la tienda no es una tienda cualquiera, es un logro de la ‘red tintera’ de Cartagena beneficio de una comunidad de inmigrantes que dejaron sus tierras por el sueño de vivir mejor.

VICENTE ARCIERI G.
Corresponsal de EL TIEMPO
CARTAGENA

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